Entrevista a Delia Vergara

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                                      Delia Vergara nos cuenta mediante  un correo electrónico, cómo fue su paso por la revista, cuáles fueron los aportes de este proyecto y qué piensa de lo que es hoy en día Paula.

Guardo la carta que Roberto Edwards me escribió a Ginebra para ofrecerme crear la Revista Paula como un tesoro. Tiene una carilla y está escrita a mano.  Me dice: “Compré unas máquinas para imprimir en colores y en couché, empecé a hacer revistas y quiero hacer una revista femenina.  Pensé en ti para dirigirla.  Contéstame pronto.”  No son sus palabras textuales pero el mensaje era así de corto y así de poco exigente. Yo le contesté de inmediato que sí, con una sola condición: que yo elegía el equipo y llevaba la línea editorial. Accedió a todo.

Yo acababa de terminar un Master en la Universidad de Columbia, en Nueva York. Me sentía muy segura de mi misma y me parecía que el periodismo chileno estaba en la prehistoria.

Mi primera idea para la Paula fue hacerla moderna. Vivía en Europa y estudié todas las revistas de mujeres y me dí cuenta en lo que estaban.  Hablaban de los problemas de las mujeres reales, mostraban moda ponible, en general facilitaban la vida de las mujeres, hacían buen periodismo, además de ser bellas, buenas fotos, buen diseño y diagramación.

Diseñé la revista completa mientras estaba en Ginebra, con todas sus secciones. Quería poner el enfasis en hacer buen periodismo, y en sevir a las mujeres.

Cuando volví a Chile, finales de 1966, partimos. Elegí a un equipo de periodistas afines, todas egresadas de la Universidad de Chile y a la Isabel Allende, que no estudió en la universidad pero que conocí de su genialidad por su madre, la mujer del embajador de Chile en Ginebra. 

Era fines de los sesenta, tiempos muy revlucionarios, y el feminismo comenzaba a crecer entre las mujeres, especialmente en Estados Unidos y Europa. Todas las que trabajábamos en Paula estábamos al tanto del fenómeno.

Las que formábamos el equipo de Paula eramos casadas con hijos pequeños y muy amigas, lo hablábamos todo. A poco andar empezaron para todas los problemas del doble trabajo, la poca colaboración de los maridos, la joda que fue para ellos el tremendo éxito que tuvimos, ninguno se había casado con una mujer exitosa y famosa y de repente nos transformamos en eso.

A raiz de los problemas con los maridos nos dimos cuenta en carne propia lo que era el machismo y cuanta verdad había en lo que las feministas venían diciendo. Nos convertimos en feministas, pero nada desaforadas, ninguna en ese tiempo quería romper su matrimonio.

Consideramos que ser modernas en ese tiempo significaba reportear y poner muchos de los temas que el feminismo planteaba.  La decisión la tomé yo, era la líder, pero todas estuvieron completamente de acuerdo.

Muchas ideas de los reportajes eran mías, siempre he sido una verdadera fábrica de ideas, pero todas las discutíamos en reuniónes de pauta, que eran semanales, entretenidísimas, discutidas y críticas.

Roberto Edwards, el dueño, no se metía para nada con nosotras. Su filosofía era: “con el éxito no se discute.”

Los temas que ustedes llaman controversiales no lo eran en ese tiempo, aunque ahora se vean así.  Recuerden que eran tiempos muy revolucionarios, muy abiertos, la mayoría estábamos en eso, incluso Roberto, un hombre que siempre ha sido liberal.

Delia Vergara en la actualidad

Los temas “controversiales” tenían que ver con la vida cotidiana de las mujeres, no los elegiamos por controversiales sino por eso.  Lo nuevo que hizo la Paula de ese tiempo fue hablar de esos asuntos, los que en los círculos convencionales se meten debajo de la alfombra. Nuestro atrevimiento fue sacarlos a la luz, hacer periodismo sobre esos asuntos, lo que fue una total innovación en el periodismo de ese tiempo.

Cuando la situación política se polarizó, el año 1972, un grupo de mujeres conservadoras la agarró con nosotras y empezaron a mandarnos cientos de cartas todas iguales diciéndonos que eramos inmorales y comunistas. Nosotros nos reíamos y no les hacíamos ningún caso porque teníamos el apoyo de cientos de miles de lectoras (120.000 ejemplares en ese tiempo) que alucinaban con la Paula.

El golpe de estado y la dictadura echaron todo esto abajo.  Roberto se exilió en Estados Unidos desde que salió Allende hasta 1973.  Volvió después del golpe y volvió distinto.  Me repetía una y otra vez: yo no quiero más revoluciones, yo quiero una revista femenina, no una revista feminista.  Yo lo entendía pero no estaba dispuesta a cambiar mi línea editorial.  Con el tiempo su presión se fue haciendo más fuerte y mi resistencia lo mismo, hasta que un buen día, a fines de 1964, con lágrimas en los ojos, me echó. Lloramos los dos porque éramos muy buenos amigos.

Roberto puso de directora a Constanza Vergara, que hasta ese momento hacía la moda de la revista, y que estuvo dispuesta a hacer lo que él quería.

De ahí para adelante la revista cambió para siempre. Se convirtió en una revista femenina tradicional,  y con el tiempo y la nueva cultura imperante, se fue convirtiendo en una revista cada vez más elitista, muy diferente a cómo partió.

Las lectoras no la acompañaron, las ventas comenzaron a bajar a tal punto que tuvieron que empezar a regalarla, primero con El Mercurio y luego con La Tercera.

Lo que nunca perdió la Paula, y en eso me enorgullezco, fue su exigencia por el buen periodismo.   

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